viernes, noviembre 12

La canción de Paulina

Lo que más compartimos con Paulina, desde el mismo momento que estuvo en la panza, fue música. Bailábamos las dos, por las tardes, cuando estábamos solas. Después de que nació, no paré de cantarle y parecía gustarle. Cuando le cantaba, Paulina sonreía y yo me deshacía de amor. 
Los que aún no tengan hijos no van a comprender del todo de lo que hablo, porque el amor que se siente por los hijos, sobre todo cuando son tan deseados como lo fue Paulina, es incomparable a cualquier clase de sentimiento que se tenga por otro ser humano. 
Decía, entonces, que desde las ocho semanas, Paulina bailó y cantó conmigo. 
Y cuando nació, lo primero que se me ocurrió recordar fue una canción de George Harrison que, en su momento, publiqué acá. 
Anoche, cuandos los últimso 50 años de la historia de la música tocaba arriba del escenario, con la inmesa alegría que me dio poder estar ahí -esto tampoco lo comprenderán los que no hayan estado en alguna oportunidad balancenandose entre la vida y la muerte y por decisión propia o por voluntad de la ciencia, se hayan quedado de este lado-, lloré cuando la escuché en vivo. 
La música de mis padres para mi hija. Y yo ahí. A pesar de todo. Contra todo lo que me pasó, a favor, una vez más, de la vida, de la alegría. 
Y es esto, nada más. 
Una emoción enorme, un rato de alegría, el recuerdo siempre presente de mi hermosa hijita y un remo en cada mano para seguir hacia adelante.
No queda otra. No quiero otra. 
Entonces, para Paulina, en mi corazón y donde quiera que esté.


And in the end, the love you take is equal to the love you make