lunes, agosto 30

Talent scout

Jean-Philippe de Tonnac: Nos toca hablar, pues, del olfato infalible de las editoriales. Sabemos perfectamente que no existe. Es otra página divertida o confusa de la historia del libro. Quizá deberíamos decir algo. ¿Los editores son más clarividentes que los autores?

Umberto Eco: Han demostrado que a veces pueden ser lo suficientemente estúpidos para rechazar obras maestras. Se trata, en efecto, de otro capítulo de la historia de la estupidez. «Quizá sea un poco limitado pero no soy capaz de comprender por qué debería nadie dedicarle treinta páginas a contar cómo se da vueltas en la cama sin conseguir dormirse». Se trata del primer informe de lectura sobre En busca del tiempo perdido de Proust.
A propósito de Moby Dick:«Hay pocas posibilidades de que un libro semejante pueda interesar al público juvenil». A Flaubert, a propósito de Madame Bovary, se le dijo «Señor, ha sumergido su novela en una enorme cantidad de detalles, bien trazados es verdad, pero completamente superfluos».
A Emily Dickinson:«Sus rimas son completamente falsas». A Colette, a propósito de Claudine en la escuela:«Temo que no vendería más de diez ejemplares». A George Orwell a propósito de Rebelión en la granja:«Imposible vender una historia de animales en Estados Unidos». Para el Diario de Anna Frank: «Esta jovencita no se da cuenta en absoluto de que su libro es poco más que un objeto curioso».
Y no están solo los editores, están también los productores de Hollywood. He aquí el juicio de un talent scout a propósito de la primera actuación de Fred Astaire, en 1928: «No sabe tocar, no sabe cantar, es calvo y tiene solo algún rudimento de danza». Y refiriéndose a Clark Gable: «¿Qué hacemos con uno que tiene semejantes orejas?»."


Nada detendrá la vanidad - Nadie acabará con los libros - Umberto Eco & Jean-Claude Carrière