Concurso extraordinario: ¿Quién es el autor de la siguiente noticia? Envíe su respuesta en un sobre a:
Sra. Mirian Williams en Dios
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El Kefir ha sido durante siglos la bebida popular de los habitantes del Alto Cáucaso y de la Siberia. Su nombre deriva de una palabra que significa bienestar, aludiendo con ello a la sensación agradabilísima que produce. Una leyenda dice que es un don de los dioses.
Para su elaboración se emplean los granos de mijo o semilla de Kefir, mijo del profeta, conservados por mucho tiempo en sitio fresco y seco. Al mezclarse con la leche de vaca recobran su actividad, parecen esponjitas, desprenden olor y se multiplican rápidamente.
A principios de siglo se pensó que beber kefir equivalía a tomar leche medio digerida: ahora esta opinión es insostenible. Los microbios lácticos del kefir impiden las putrefacciones intestinales. Sin embargo, estas no pueden combatirse con el kefir pues contiene alcohol. Además, la absorción diaria de kefir es peligrosa porque las levaduras que lo producen se aclimatan en el tubo digestivo y pueden favorecer a algunos bacilos patógenos. HAYEM prohíbe el kefir a las personas en cuyo estómago permanecen demasiado los alimentos. “Retenido en ese órgano, el kefir sigue fermentando y se desarrollan en él, así como en todo el contenido estomacal, fermentaciones butíricas que agravan los desórdenes digestivos”. Ya que la utilidad del kefir reside en la fermentación láctica, no en la alcohólica, conviene reemplazarlo por la LECHE CUAJADA que no contiene alcohol.

