Advertencia de V: Este es uno de esos posts largos. Paciencia.
A lo mejor, no hay vínculo más difícil y a la vez más esperanzador para el género humano que la amistad. Tener buenos amigos es difícil. En general, los buenos amigos son pocos y abundan esos que mejor perderlos que encontrarlos pero cuando se pierde un buen amigo, aún a pesar del dolor o la tristeza que puede ocasionar esta perdida, es casi imposible desterrar de la memoria los momentos compartidos, los diálogos, los llamados, las cartas.
Más o menos sobre esto trata
La sombra de Naipaul, el libro que
Paul Theroux escribió sobre los años que comenzó, duró y terminó su amistad con el Premio Nobel de Literatura sir
Vidia S. Naipaul.
Se conocieron en Uganda en 1966 cuando Theroux tenía veintitrés años y daba clases en la Universidad de Makarere y Naipaul ya era un escritor reconocido.
Theroux y Naipaul, se hicieron amigos luego de un viaje en auto pedido de favor al joven profesor por el escritor famoso y continuó por treinta y dos años, a través de cartas, visitas y llamadas telefónicas.
Siendo muy joven y deslumbrado por el reconocimiento y la confianza que Naipaul había depositado en él como escritor, y por la gran admiración que sentía hacia su obra, Theroux había dedicado una temporada a escribir un libro sobre Naipaul, que a pesar de haberle costado mucho trabajo y de haber sido bien recibido por el "homenajeado" no generó ninguna ganancia. No le reportó ningún beneficio en metálico a Theroux, ni le acercó lectores a Naipaul.
Durante los años que duró esta amistad, según consta en las páginas que leo, Theroux hizo lo imposible por estar siempre a la altura de su honorable amigo. Siguió al pie de la letra sus indicaciones, escuchó sus consejos, lo ayudó en cuanto pudo, vamos, como cualquier buen amigo.
En 1996, llegó por fax a manos de Theroux, un catálogo de una librería especializada en primeras ediciones modernas. Algunas entradas le llamaron la atención. Este tipo de catálogo, según su propia definición
"son un complemento del comercio de los traperos y sus practicantes, son apenas mejores que quienes trafican heroína". En la lista de libros encontró todos los libros que había enviado y dedicado a su amigo Naipaul a precios exorbitantes. Entre perplejo y risueño Paul Theroux le escribió a su amigo. La respuesta a sus líneas fueron escritas por la última mujer de Naipaul, en dónde lo acusaba, entre otras cosas, de abusar de los favores del Premio Nobel y en dónde le prohibía, de forma velada pero poco elegante, volver a escribir sobre él.
Luego de la respuesta de la mujer de Naipaul, Theroux envió la carta recibida a Naipaul pero no obtuvo respuesta. De esta forma, se dio cuenta que había pasado de ser su discípulo a ser su igual.
Alguna vez, Naipaul le había dicho: "En toda relación, en todo encuentro, siempre llega el momento de romper. Y uno rompe."
Con ese silencio, Naipaul rompió para siempre su amistad con Theroux.
En un viaje que Theroux realizó con su hijo a Londres, mientras caminaban hacia un lugar para almorzar y mientras le hablaba sobre la carta de la ingrata mujer, Naipaul, luego de un año de silencio y ausencia, apareció doblando la esquina, de casualidad.
Theroux lo detuvo, intentó hablarle, preguntarle si tenían algo que discutir.
Naipaul sólo contestó que no.
"¿Qué hacemos entonces?" fue la pregunta de Theroux.
"Encajarlo y pasar a otra cosa" fue la respuesta de Naipaul.
Pocas cosas duelen más que la traición de un amigo. Pocas cosas. Quizás, el silencio. A lo mejor, una respuesta como esta, en donde el que pregunta queda en el papel del insignificante, del poquita cosa.
No volvieron a verse. Theroux escribió este libro, en donde el tema central no es la traición-aunque se nota que sangra por la herida-, sino el mecanismo que existe en toda amistad y una especie de muestrario de lo que carga cualquier ser humano sea Premio Nobel o triste hijo de vecino.
Paradójicamente, según cuenta, cuando este libro se publicó, los Naipaul enviaron tarjetas de Navidad a la familia Theroux.
Encontré este libro de casualidad, en la librería de la playa, la del Barba. Conocí a Theroux, el año pasado, leyendo, creo, unas crónicas de viajes pero este libro me lo hizo redescubrir como un escritor diferente. A lo mejor, porque en la desilusión, en la frustración de la amistad perdida, todos nos parecemos un poco. ¿Y quién no tuvo, alguna vez, la desgracia de perder un amigo?
Acá abajito, algunos fragmentos para que lo tengan en cuenta cuando estén revisando mesas de de saldo, de usados, de canje; esas mesas que revisamos nosotros.
"No había conocido a ninguna otra persona que me mirase a la cara y viese a un escritor. Con Vidia ocurrió esto y más: aseguraba que yo era un escritor prometedor y se maravillaba de la rapidez con que trabajaba. Podía considerarlo mi amigo. Tuvo el detalle de escribirme con regularidad desde su llegada a Londres, y cada una de sus misivas entrañaban una lección. En una de las primeras analizaba mi idea de llevar un diario y, en su estilo ágil y contundente, la desechaba. Me aconsejaba que la abandonase. No era más que una forma de componer una antología de la propia experiencia. Nadie era escritor por lo que ocurría en torno a él. Un escritor se dedicaba a otras cosas. Una crónica detallada sería aún peor; más valía que ni se me pasara por la cabeza. Olvidé mi diario y dejé mi crónica para siempre."
"Esa era su mayor fuerza, su inconmovible fe en que el oficio de escritor es justo, en que un buen libro no puede fracasar y más tarde o más temprano será reconocido, mientras que un mal libro acabará por ser juzgado como basura, al margen de lo que ocurra en el corto plazo. Sólo el largo plazo importa. En la literatura hay justicia. Si fracasas, es porque lo mereces. Tienes que aceptarlo.
Su fe era a la vez una armadura y una espada, y por repetición me inculcó esa creencia, que me dio fuerzas. Era un poco pronto para saber si nos veríamos recompensados por nuestro trabajo. Los signos exteriores eran aún ambiguos. Él vivía en un cuarto en casa de su hermana y yo residía con mi familia de cuatro miembros , en un par de estrechas habitaciones, donde se oían la radio de alguien y los berridos de un niño chillando en la planta superior. Me ayudaba creer que en lo que escribía, y también - quizás más- que él creyese en mí."
"La amistad no deriva tanto de una admiración de la fuerza como de una sensación de dulzura, de las sospechas de debilidad. Radica en una intimidad compasiva, una amabilidad intensa y una conciencia de la imperfección. Por el contrario, la atracción que ejerce el poder tiene en mi opinión un origen puramente sexual relacionado con la mejora y el fortalecimiento de la simetría en la especie, así como con la búsqueda de los animales de una hembra o un macho con el que aparearse.... La amistad es un rasgo específicamente humano, y todas sus implicaciones conducen de un modo inevitable a la conclusion de que los amigos resultan deficientes como pareja."
"Por otro lado, tener que escribir en calidad de extranjero siempre es algo muy pesado, dijo Vidia.
-¿Por qué es muy pesado?- preguntó Buford.
-Porque rara vez encuentras personas que compartan tu experiencia- respondió Vidia-. Mi hermano, cuando aún vivía, me dijo una vez que probablemente era la única persona capaz de entender de verdad lo que yo escribía. Y yo, por mi parte, también entendía un poco mejor lo que él intentaba hacer, porque teníamos antecedentes en común. Si nos hubiésemos dirigido a un público compuesto por gente como nosotros, habríamos sido escritores diferentes. Nunca he dejado de ser consciente de que escribo en un vacío, casi siempre para mí y prácticamente sin público. Aquella relación maravillosa que me parecía que un escritor norteamericano tendría con sus lectores norteamericanos, o uno francés con sus lectores franceses... Yo siempre escribía para personas que acogían mi material con indiferencia."
"Lo que los escritores hacen es transformar. Para entender el mundo tenemos que conocer toda la verdad. Los mejores autores son los más fanáticos, por lo que el retrato más fiel de un escritor nunca puede ser un estudio de la virtud. El hagiógrafo, en última instancia, rebaja al personaje acerca del que se escribe. Todo libro que rehuya mostrar el encanto de ese fanatismo y presente a la persona de la que se trata como sencilla y adorable es un fraude. Por otro lado, si un libro no es novedoso, no vale la pena escribirlo. Comprendí que el mío debía ser una creación sincera, basada en mi memoria. Todo recuerdo es inevitablemente incompleto, y es por eso por lo que el descubrimiento del viejo diario me había llamado tanto la atención. No obstante, el hallazgo me demostró que en realidad nunca me hizo falta llevar un diario."