viernes, enero 11

Cópula, verdades y literatura

¿Por qué escribió tanto sobre sexo? ¿Qué significa el sexo para usted? ¿Tiene una importancia especial?

Eso es difícil de responder. Sabe, creo que he escrito tanto de lo que mis críticos hostiles llaman "disparates" -es decir, sinsentidos metafísicos- como he escrito sobre sexo. Sólo que ellos prefieren fijarse en el sexo. No, no puedo responderme esa pregunta, excepto diciendo que ha tenido un papel importante en mi vida. He llevado una vida sexual buena y fecunda y no veo por qué habría que desecharla.

Henry Miller entrevistado por George Wickes, 1961

Viernes de inéditos, amigos. Pasen y vean, pasen y lean como cada vez.

Salú.
V.


A cualquier pusilánime pueden pasarle cosas extraordinarias


Cuando alguien anuncia que me contará una buena historia personal, en primera persona, lo primero que hago es regocijarme. No hay nada que me guste más que una historia extraordinaria. No me importa tanto que esté bien contada; en realidad, prefiero el basto reflujo de recuerdos sin pulir que aún conservan parte del asombro original del protagonista. Si es un suceso remoto la cosa ya no me interesa tanto, no tener al protagonista delante me impide jugar (y juzgar) lo extraordinario de la historia.

Claro, no siempre el cuento vale la pena. Abunda eso que podemos reducir a "a mí me pasó también esto", con lo que el relator no busca más que algún reconocimiento de grupo. Es el caso del taxista que te cuenta que lleva siempre a tal fulana, la conocida artista. El muy estúpido lo cuenta sin asombro, como si fuera algo normal. La noticia para él no es noticia, y tampoco lo es para nosotros. En todo caso, afilando el bisturí psicológico podré tratar de encontrarle salero a la cosa, pero ya es cosa mía y depende de mi retorcida necesidad de porqués (o de imaginármelos).

Por definición, una historia poco interesante es poco interesante y nada más la salvará, ni que la cuente Cervantes. Entonces, ver ovnis puede ser extraordinario para un fulano pero a esta altura del tercer milenio (y después de tanto Berlitz) provoca un "ajam" casi bostezado.

Con algunos escritores que abundan con el sexo me pasa algo similar. Describen cópulas de las más variadas, abundantes o fuera de lo común. En un avión en picada, debajo de una tormenta o inyectados con una droga potentísima. Pero hay una especie de hartazgo, una sensación de mórbida decadencia. Para ellos tener sexo extraordinario es totalmente ordinario. Tienen experiencias extrañas (sino, para qué nos contarían a nosotros, pobres copuladores comunes y corrientes), pero pareciera que no hacen mella en ellos. Generalmente disfrazan la anomia con una especie de "búsqueda" permanentemente insatisfecha. Aburrido. Nunca leyeron a Nabokov (o no lo entendieron) para quien sólo el vislumbre del vello axilar de Lolita por Humbert era suficiente para desatar la verba más apasionada (y graciosa) que he leído.

No hay peor sexo que el que no se disfruta, tanto en la vida real como en la literatura. Henry Miller vivía el sexo, como también vivía la comida, la bebida, respirar y hasta morirse de una manera plena. Por ejemplo, nos contaba qué sentía mientras tenía sexo con Maude (su primera mujer) en las escaleras, a la pasada, cuando debía estar corriendo hacia el hospital en el que su amante acababa de entrar por un intento de suicidio. Maude, sabiendo que la que está en el hospital es la otra, por primera vez la asume e intenta detenerlo (con sexo ¿qué otra manera puede detener a Henry?). Él se da cuenta que ese sexo que están teniendo es totalmente pecaminoso para ella, fuera de sus rígidos cánones (y por lo tanto, enormemente placentero). Ahora que sabe, ella es la otra. Mientras, ¿qué se dice el bueno de Henry? (Cito de memoria): "Toma el placer mientras dure, toma el placer mientras dure", repitiéndolo como un mantra. Una basura, Henry ¡Qué divertido!

Entonces ¿qué hace que una historia merezca contarse? El asombro ¡Pero claro! Siempre, desde el principio, el hombre prometió historias asombrosas. Pero parece que para algunos escritores noveles -y otros no tanto- el asombro es poco cool.

Yo opino que cualquier historia es interesante si podemos poner el nivel correcto de asombro en los protagonistas. Ya no hace falta un Cervantes, ni un Nabokov, ni un Miller. Hace falta gente -escritores- capaz de transmitir asombro.

Hubo escritores que fueron asombrosos por sí mismos, verdaderos hacedores de estilos: Flaubert, Hemingway, Faulkner. Yo los disfruto, no hay duda. Pero me quedo con Dostoievsky, Gorki, Dickens, Stevenson, Defoe, London, Miller, Nabokov, Celine, Cortázar, Borges, Cela, y todos aquellos que han preferido el asombro, lo extraordinario en lo ordinario.

Los que aseguran que a cualquier pusilánime le pueden pasar cosas extraordinarias (y que no hace falta ser James Bond para tener sexo con las estrellas).

Daniel Mucetti – C.A.B.A.

4 comentarios:

Aki Celtic dijo...

No podría estar más de acuerdo con lo expuesto. Como se dijo aquí y en otros lugares, el problema medular de la nueva narrativa (de aquí, de allá y de mi abuela también) es la falta de un gatillo generador de empatía en el lector. Falta la verdadera y visceral provocación de los sentidos, de los instintos, de las emociones cualesquiera sean. El asombro: el más primigenio de los sentimientos del hombre, el que más obsesivamente buscamos los que buscamos en el panorama sobrecargado y aún así, pobretón, de la literatura actual.

Matu dijo...

Una tarde en la Casa de Letras -donde se cursa una carrera corta de narrativa-, una escritora española, poeta, narradora, que invitaron a la clase para que podamos preguntarle acerca de su experiencia, pausada, mucha sobriedad, nos dijo: "las historias hay que buscarlas en la cotidaneidad, en lo aparentemente banal, y no en los grandes acontecimientos".
Estoy de acuerdo con lo del asombro: que linda, y renovadora, sensación.

Mola dijo...

por eso uno de mis autores favoritos es roberto arlt
en aguafuertes porteñas por ejemplo el logra generar algo maravilloso de las pequeñeces que el vivia o veia a diario.
Realmente es excelente.

gibson maniac dijo...

yo estoy en total desacuerdo...