martes, septiembre 25

Hablando de Pessoa

Gracias a gabrielaa, que dejó el comentario en el post de más abajo, me acordé del Libro del desasosiego.
Acá va:


116.
"Escribir es olvidar. La literatura es la manera más agradable de ignorar la vida. La música adormece, las artes visuales estimulan, las artes vivas (como la danza y el teatro), entretienen. La primera, empero, se aleja de la vida para hacer de ella un sueño; las segundas, en cambio, no se alejan de la vida -unas, porque emplean fórmulas visibles y por lo tanto vitales; las otras, porque viven de la misma vida humana.
No es ése el caso de la literatura. La literatura simula la vida. Una novela es la historia de lo nunca sucedido y un drama es una novela representada sin narración. Un poema es la expresión de ideas o de sentimientos en un lenguaje que nadie ha empleado, porque nadie habla en verso".

miércoles, septiembre 19

Saudade

"2. La Saudade, decía Maria do Carmo, no es una palabra, es una categoría del espíritu, sólo los portugueses pueden sentirla, porque poseen esta palabra para decir que la tienen, lo había dicho un gran poeta. Y entonces empezaba a hablar de Fernando Pessoa. Iba a recogerla a su casa de Rua des Chagas hacia las seis de la tarde, ella me esperaba detrás de la ventana, cuando me veía asomar por el Largo Camões abría el pesado portalón y descendíamos en dirección al puerto deambulando por Rua dos Franqueiros y Rua dos Douradores, hacíamos un itinerario fernandino, decía ella, éstos eran los lugares favoritos de Bernardo Soares, auxiliar contable en la ciudad de Lisboa, semiseudónimo por definición, aquí era donde concebía su metafísica, en estas barberías."

"... el señor Tavares, apagaba las luces y encendía las velas sobre las repisas, los clientes de paso ya se habían marchado, quedaban sólo los aficionados, el local se llenaba de humo, a cada final correspondía un aplauso discreto y solemne, alguna voz pedía Amor é agua que corre, Travessa da Palma, Maria do Carmo estaba pálida, o tal vez fuese la luz de las velas, o tal vez había bebido demasiado, mantenía la mirada fija y sus pupilas aparecían enormes, la luz de las velas bailaba en ellas, me parecía más hermosa que de costumbre, encendía un cigarrillo con aire absorto, ya está bien, decía, vámonos de aquí, saudade sí pero a pequeñas dosis, no es bueno saturarse, la Alfama estaba semidesierta, nos deteníamos en el mirador de Santa Luzia, había una tupida pérgola de buganvilla, apoyados en el parapeto contemplábamos las luces del Tajo, Maria do Carmo recitaba Lisbon revisited de Alvaro do Campos, un poema en el que una persona está en la misma ventana de su infancia, pero ya no es la misma persona y tampoco es la misma ventana, porque el tiempo cambia hombres y cosas, empezábamos a bajar hacia mi hotel, ella me cogía la mano y me decía oye, quién sabe qué somos, quién sabe dónde estamos, escúchame, vamos a vivir esta noche como si fuese un revés, por ejemplo esta noche, yo pensaré que soy tú y que me estrecho entre mis brazos."

Antonio Tabucchi - El juego del revés

Nota de V: Flor de respiración tiene ese texto, eh.
Joven proyecto de escritor argentino recuerda: La puntuación es la respiración del texto.


lunes, septiembre 17

A ver si se enteran

A ver si se enteran algunos/as señores/as que escriben bibliográficas en los medios y algunos/as groupies que publican por ahí:

Bueno, malo, pésimo, hermoso, horripilante, encantador, bazofia, "beshesa esótica", entretenido, aburrido, interesante, de-so-pi-lan-te, atrapante, cautivador, y muchos, muchos, muchos otros más, carecen de valor cuando se habla de un libro o de un autor.
Dejen de decir qué tal es el libro/autor. Dedíquense a decir cómo es el libro/autor.
Un poco de seriedad.
Será posible.


Para ustedes, muchachos, una frase de cabecera (Qué tal si la imprimen y la pegan a un costadito del monitor. Digo, como para no olvidarse, vieron):

El adjetivo, cuando no da vida, mata.

Vicente Huidobro.


Anécdota personal

La memoria es un bicho raro. Tiene voluntad propia. Lo que sigue no es textual pero fue bastante parecido y sucedió hace muchos años.


-Buenas noches, Castillo
-Buenas noches. Usted dirá.
-Lo llamo porque me gustaría anotarme en su taller. No tengo experiencia y conseguí su número.
-¿Usted leyó algo mío?
-No.
-¿Y cómo va a hacer taller con un escritor que no sabe si le gusta cómo escribe? Vaya y leame. Después, si le gustó lo que leyó, llameme de nuevo.



No sé si van a entender por qué siento adoración por Castillo.
Yo no lo había leído nunca. Había leído a otros. Desde Cortázar y Puig hasta Beatriz Guido. Desde Forn y Fresán hasta Laura Ramos.
Después de leerlo -creo que leí cuatro libros suyos, uno detrás de otro, con voracidad-, de caradura, cualidad que pocas veces utilizo, lo llamé nuevamente y tuve una entrevista con él.
No fue mi maestro -mis maestros fueron y son otros, ya hablaremos de ellos- pero fue el primero en darme, generosamente, una clase de literatura.
Así empezó mi educación.

Hace días que necesitaba este recuerdo. De verdad.
Apareció ahora, el lunes, apenitas antes de que amanezca.
Qué suerte.

viernes, septiembre 14

Mademoiselle

"He notado a menudo que después de haberle prestado a uno de los personajes de mis novelas algún apreciado elemento de mi pasado, este elemento acababa languideciendo en el mundo artificial en donde con tanta brusquedad lo había situado. Aunque seguía presente en mis recuerdos, su calor personal y su antiguo atractivo desaparecían y, con el tiempo, acababa por identificarse mucho más con la novela que con mi anterior yo, en donde parecía estar complemtamente a salvo de las intromisiones del artista. En mi memoria se han derrumbado las casas tan silenciosamente como ocurría en las películas mudas de antaño, y el retrato de mi institutriz francesa, que una vez presté al muchacho que aparecía en uno de mis libros, se va desvaneciendo rápidamente desde que quedó englobado en la descripción de una infancia completamente distinta a la mía. El hombre que soy se rebela contra el creador de ficciones, y éste es mi desesperado intento de salvar lo poco que queda de la pobre Mademoiselle.
Esa mujer alta y robusta entró en nuestra existencia en diciembre de 1905, cuando yo tenía seis años y mi hermano cinco. Ahí está. Veo con la mayor claridad su abundante melena negra, peinada hacia arriba y que empezaba encubiertamente a encanecer; las tres arrugas de su austera frente; sus ceñudas cejas; sus ojos acerados tras los quevedos de montura negra; esa sombra de bigote; esa tez salpicada de erupciones que en los momentos de ira deja aparecer un enrojecimiento adicional en la zona de la tercera, y más amplia, de sus barbillas, que con tanta majestuosidad se extiende sobre la envolantada elevación de su blusa. Y ahora se sienta, o mejor dicho, emprende la tarea de sentarse, temblando la gelatina de su papada, dejando caer penosamente sus prodigiosas posaderas, con tres botones a un lado; luego, en el último segundo, rinde su masa al sillón de mimbre, que, de puro pánico, estalla en una salva de crujidos."


Vladimir Nabokov - Habla, memoria - Cap V

martes, septiembre 4

Será la inminente primavera...

Este blog no es un diario ni personal, ni literario -vamos, que no es un diario- pero hasta el más santo tiene sus días, asi que me permito esta licencia.
Este post es raro. Y a lo mejor, no llega entenderse del todo pero tenganme - un poco más de- paciencia.
Tengo que escribir algo aquí para no olvidarme y luego, compartiré un texto con ustedes, como siempre. (Nota aclaratoria: el post es largo pero vale la pena. Además, sobre el final, se puede bailar. Se los prometo)


No olvidar: Sé lo que hago. Sé lo que quiero. Sé dónde y cómo quiero estar. Aunque no depende de mí el resultado, cuento con lo que hago y con lo que quiero y no me falta voluntad. No es poca cosa.


Sigamos:
Leo mucho en estos días que son un tanto difíciles y en dónde los libros no dejan de sorprenderme porque se convierten en esa clase de amigos (que el común de la gente y yo solemos detestar cuando estamos medianamente bien) que tienen la palabra justa para el momento oportuno. Aquí va:

La única pasión de mi vida ha sido el miedo - Hobbes

Si leo con placer esta frase, esta historia o esta palabra es porque han sido escritas en el placer (este placer no está en contradicción con las quejas del escritor). Pero, ¿y lo contrario? ¿Escribir en el placer, me asegura a mí, escritor, la existencia del placer de mi lector? De ninguna manera. Es preciso que yo busque a ese lector (que lo "rastree") sin saber dónde está. Se crea entonces un espacio de goce. No es la "persona" del otro lo que necesito, es el espacio: la posibilidad de una dialéctica del deseo, de una imprevisión del goce: que las cartas no estén echadas sino que haya juego todavía.


Me presentan un texto, ese texto me aburre, se diría que murmura. El murmullo del texto es nada más que esa espuma del lenguaje que se forma bajo el efecto de una simple necesidad de escritura. Aquí no se está en la perversión sino en la demanda. Escribiendo su texto, el escriba toma un lenguaje de bebé glotón: imperativo, automático, sin afecto, una mínima confusión de clics (esos fonemas lácteos que el maravilloso jesuita van Ginneken ubicaba entre la escritura y el lenguaje): son los movimientos de una succión sin objeto, de una indiferenciada oralidad separada de aquella que produce los placeres de la gastrosofía y del lenguaje. Usted se dirige a mí para que yo lo lea, pero yo no soy para usted otra cosa que esa misma apelación; frente a sus ojos no soy el sustituto de nada, no tengo ninguna figura (apenas la de la Madre); no soy para usted ni un cuerpo, ni siquiera un objeto (cosa que me importaría muy poco en tanto no hay en mí un alma que reclama su reconocimiento) , sino solamente un campo, un fondo de expansión. Finalmente se podría decir que ese texto usted lo ha escrito fuera de todo goce y en conclusión ese texto-murmullo es un texto frígido, como lo es toda demanda antes que se forme en ella el deseo, la neurosis.
La neurosis es un mal menor: no en relación a la "salud" sino en relación a ese "imposible" del que hablaba Bataille ("la neurosis es la miedosa aprehensión de un fondo imposible", etc.) ; pero ese mal menor es el único que permite escribir ( y leer) . Se acaba por lo tanto en esta paradoja: los textos de Bataille -o de otros- que han sido escritos contra la neurosis, desde el seno mismo de la locura, tienen en ellos, si quieren ser leídos, ese poco de neurosis necesario para seducir a sus lectores: estos textos terribles son después de todo textos coquetos.


Todo escritor dirá entonces: loco no puedo, sano no querría, sólo soy siendo neurótico.


El texto que usted escribe debe probarme que me desea. Esa prueba existe: es la escritura. La escritura es esto: la ciencia de los goces del lenguaje, su kamasutra (de esta ciencia no hay más que un tratado: la escritura misma).


Roland Barthes - El placer del texto y Lección Inaugural


Acá, justo acá, me voy a poner patotera y si quieren un poco vulgar, robándole algo a nuestro amigo Sam, dedicándoselo especialmente a mi Kunta Kinte particular:
La gente de ese lugar se ha convertido en la gente que finge ser. Yo puedo jugar al esclavo pero eso no implica que lo sea. Se entiende, papi?


Ahora sí, que empiece el dancing.



sábado, septiembre 1

Dos convocatorias dos - Reloaded

No es una amenaza. Es una advertencia.
Insistiremos con este post hasta que al menos, se llegue a los diez comentarios, un récord para este blog.
Dada la escasa repercusión que tuvo el post que está ahí al costado - de más está decir el agradecimiento afiebrado a los jóvenes JuanBe, Sibila, La Maria C y (j.g.) por su participación - se extiende hasta FIN DE AÑO la posibilidad de contar en breves líneas o extensos párrafos las reglas de lector o escritor que cada uno tiene.
Tengo fé en el género humano. Alguno más se va a copar.
Cuando puedan, dense una vuelta por el post. Los cuatro que ya han participado dicen cosas muy interesantes.

Salú.




Nosotros

Dedicado a todas las ovejas negras que conozco

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.

Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.

Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.


Augusto Monterroso - La oveja negra