miércoles, febrero 28

No sólo de libros se vive

Wenders y todos los angeles (sí, las dos partes) con el amigo americano. Lynch, el hombre elefante en la carretera perdida y terciopelo azul. Von Trier (el auténtico) volviendo loca a Bess que habla con Dios y ajusticiando a la pobre Zelma que sueña comedias musicales. Kusturica, en el tiempo de gitanos, con sueños en Arizona. Los cuatrocientos golpes de Truffaut. El perfecto asesino de Luc Besson y su Juana de Arco en los ríos color púrpura. Jarmush con extraños en el paraíso y flores rotas. Drácula y El padrino de Francis Ford. Wes Anderson con los excéntricos Tenenbaum y la vida acuática de Steve Zissou. Woddy Allen en Manhattan, los días de radio y tantas otras, que ni me acuerdo.
Leonard Cohen. Nick Cave. R.E.M. Morrissey. Björk. The Cure. Radiohead. Marvin Gaye. Aretha Franklin. Los BeeGees. Blind Melon. Nirvana. Y U2 antes de que fueran la sucursal irlandesa de León Gieco. Blur, Tindersticks, Tony Bennett, muchas muchas bandas de sonido, la orquesta típica Fernández Fierro y el varón del tango. García, hasta hace un rato.
Pisarro y sus paisajes llenos de pintitas de color. Modigliani y sus chicas cisne. Vincent, solo como el lirio blanco. Degás y las bailarinas. Pollock y sus pomos. Picasso y Gaudí. Kandisky y el punto y la línea sobre el plano. Egon Schiele y sus ojazos. Klimt. Alfons Mucha y Munch. Frida.
Todo eso, y más, batido y condensado.
Hoy tenía ganas de decirlo porque ví este video en la tele y me acordé de todas las cosas que me gustan.



Escritores

"Hay un problema con los escritores. Si lo que había escrito un escritor se publicaba y vendía mucho, muchos ejemplares, el escritor pensaba que era magnífico. Si lo que había escrito un escritor se publicaba y vendía un número aceptable de ejemplares, el escritor pensaba que era magnífico. Si lo que había escrito se publicaba y vendía poco, pensaba que era magnífico. Si lo que había escrito nunca se publicaba y no tenía dinero suficiente para publicárselo él mismo, entonces pensaba que era, más que magnífico, genial. La verdad, sin embargo es que había muy poca magnificencia. Era prácticamente inexistente, invisible. Pero podías estar seguro de que los peores escritores eran los que más confiaban en sí mismos, los que menos dudas tenían. De cualquier manera, los escritores eran seres que había que evitar, y yo trataba de evitarlos, pero era casi imposible. Pretendían que existiera una especie de hermandad, de unidad. Ninguno de ellos tenía nada que hacer con la literatura, ninguno podía ayudar a la máquina de escribir."



Mujeres - Charles Bukowski

jueves, febrero 22

Busco, busco

Si alguien sabe dónde conseguir o vende o presta o alquila o permuta:

Nathanael West - Miss Lonelyhearts
ó
Oliver Sacks - El hombre que confundió a su mujer con un sombrero

por favor, chifle.

Gracias.

martes, febrero 20

Amistad

"Con los libros, no hay amabilidad que valga. Con estos amigos, si pasamos la velada en su compañía, es porque realmente nos apetece. A menudo tenemos que dejarlos contra nuestra voluntad. Y una vez nos hemos ido, ni sombra de esos pensamientos que echan a perder la amistad: ¿Qué habrán pensado de nosotros? —¿No habremos estado faltos de tacto? — ¿Hemos gustado?, y el miedo a que prefieran a cualquier otro. Todos estos sobresaltos de la amistad, desaparecen en el umbral mismo de esta amistad pura y tranquila que es la lectura. Como tampoco aquí es necesaria la deferencia; sólo reímos de lo que dice Moliére en la medida misma en que lo encontremos divertido; cuando nos aburre, no nos preocupa parecer aburridos, y cuando estamos definitivamente cansados de su compañía, le devolvemos a su sitio sin miramientos, sin importarnos su genio ni su celebridad. La atmósfera de esta amistad pura es el silencio, más puro que la palabra. Pues solemos hablar para los demás, y en cambio nos callamos cuando estamos con nosotros mismos. Además el silencio no lleva, como la palabra, la marca de nuestros defectos, de nuestros fingimientos. El silencio es puro, es realmente una atmósfera. Entre el pensamiento del autor y el nuestro no interpone esos elementos irreductibles, refractarios al pensamiento, de nuestros diferentes egoísmos. El lenguaje mismo del libro es puro (si el libro merece este nombre), transparente merced al pensamiento del autor que le ha aligerado de todo lo accesorio hasta conseguir su imagen fiel; cada frase, en el fondo, se parece .a las otras, pues todas son pronunciadas con la misma inflexión de una personalidad; de ahí esa especie de continuidad, que las relaciones de la vida y aquellos elementos extraños que se mezclan con el pensamiento excluyen, permitiendo enseguida seguir la línea misma del pensamiento del autor, los rasgos de su fisonomía que se reflejan en este sereno espejo. A veces nos encontramos a gusto en su compañía sin necesidad de que sean admirables, pues supone un gran placer para el espíritu contemplar estas pinturas profundas y profesarles una amistad sin egoísmo, sin frases hechas, desinteresada."


Sobre la lectura - Marcel Proust

Narrar un triángulo

Hay muchos ejemplos, pero ando con este:

"Lo más destructivo para un amor son los secretos.
Esa duda sobre la cordura de Zora que Djuna no se atrevía a comunicar a Rango, que hacía inútil todo sacrificio, creó una fisura en la intimidad de ambos. Una comprensión sencilla, imparcial, de esa situación hubiese hecho de Rango una persona menos sojuzgada, menos ansiosa, y la hubiera acercado más a ambos, pero su lealtad a todas las irracionales exigencias de Zora, a la interpretación distorsionada que ella hacía de sus actos y de los de Djuna, era un constante resquemor para la inteligencia y la conciencia de Djuna.
El silencio con que ella llevaba a cabo sus deberes convirtiose en gradual aislamiento de sus emociones.
Resultaba extraño estar cocinando, hacer recados, buscar nuevos médicos, comprar ropa, amueblar una nueva habitación para Zora sabiendo siempre que ella trabajaba contra ellos y que jamás se curaría porque su enfermedad era su mejor tesoro, su arma más poderosa contra ellos.
Pero Rango necesitaba creer, desesperadamente. Creía que cada nueva medicina, cada nuevo doctor restablecería la salud de Zora.
Djuna se sentía como se había sentido de niña, cuando repudió sus dogmas religiosos pero tuvo que seguir yendo a misa, a las ceremonias, arrodillándose para rezar, para contentar a su madre. Rango consideraba que cualquier desviación de lo que él creía, era una traición del amor que le profesaba Djuna.
Zora lograba salir siempre derrotada en aquella batalla por su restablecimiento. Cuando consiguió una nueva habitación soleada, mantuvo las persianas cerradas para que no penetraran el aire ni la luz. Cuando fueron a la playa, río arriba, el traje de baño que Djuna le había regalado no estuvo a punto. Lo había descosido a trozos para mejorar la forma. Cuando fueron al parque se puso un vestido demasiado ligero y se enfrió. Cuando fueron a un restaurante tomó la comida que sabía le sentaría mal, y predijo que al día siguiente tendría que guardar cama las veinticuatro horas.
Llevó a cabo tímidos intentos de dedicarse de nuevo al baile, pero jamás cuando se hallaba sola, sólo cuando Djuna y Rango estaban allí para presenciar sus patéticos escarceos; y cuando el esfuerzo hacía que el corazón le latiese más aprisa, decía a Rango:
–Pon la mano aquí. Mira cómo me late el corazón cuando intento volver a trabajar..."



Corazón Cuarteado - Anais Nïn

domingo, febrero 18

Un buen comienzo

Para Bastián porque sí.

Siempre pensé - y es seguro que no fui la única que lo piensa, lo pensó y lo pensará- que la literatura tenía que servir -si es que tiene utilidad y no es sólo una de las formas de las cosas - para compartir las cosas que nos gustan. (Sí, también lo dijo Fresán en alguna entrevista, en la que quizás hubiesen debido, ya que estaban, preguntarle por qué esa manía de numerar párrafos. Lo aclaro antes de que alguno salte -ya que es la discusión de moda, junto con el affaire Soriano - con que estoy plagiando ideas)
Este post viene a cuento de eso. De compartir cosas que nos gustan, como hace unos meses, no recuerdo cuántos ya, compartimos nuestros cuentos favoritos, primero de autores argentinos y después de otros autores.
Hace unos años - dos para ser exacta- conseguí una de las últimas novelas de Ray Loriga. Podríamos discutir, si es que lo conocen, si Loriga les gusta o no (aunque en cuestiones de gustos, por más que se discuta, no hay tutía), si está homenajeando a no sé quién y esos temas tan apasionantes que nos alejan de la lectura y nos meten en el conventillo literario, pero no es mi intención porque estoy hasta ACÁ de conventillo literario.
A mí me gustó tanto el principio de la novela (en realidad, me gustó y mucho TODA la novela, al punto de decir: puta madre, por qué no se me habrá ocurrido a mí!), pero tanto, que hoy, que me encontré con el libro mientras deambulaba por la biblioteca, pensé que era una buena idea postear uno de los finales que más me gustó de los primeros capítulos de Trífero (algún día hablaremos de finales y de la predilección de la mayoría de la gente por los finales felices, si quieren)


"Saúl Trífero sabe que el tamaño de su miedo es idéntico al tamaño de sus fuerzas, y sabe también que no hay más fantasmas que los que habitan la propia conciencia, y que un naufragio no es sino la derrota de un solo hombre frente a la marea de sí mismo, y que la arena de la playa donde van a dar nuestros huesos es la arena de nuestro propio destino y, así las cosas, Saúl no ve la manera de librarse de lo que se le viene encima.
Y éste es el final, aproximadamente, y ahora, aproximadamente, el principio."

Si tienen ganas, cuentenme sus finales de primeros capítulos favoritos.
Los espero.
V.

miércoles, febrero 14

Lectores

"El don de la lectura, como lo he llamado, no es muy común, ni generalmente comprendido. Consiste, primero que todo, en una vasta cualidad intelectual —una gracia, creo que debo llamarla— mediante la cual un hombre comprende que no está absolutamente en lo cierto, ni que aquellos de quienes difiere están absolutamente en el error. Puede sostener dogmas, puede defenderlos apasionadamente; puede ver que otros los defienden con frialdad, o diferentemente, o definitivamente no los defienden. Pues bien, si tiene el don de la lectura, los dogmas ajenos pueden ser sustanciosos para él. Verá el otro lado de las proposiciones, el otro lado de las virtudes; lo cual, aunque no supone abandonar sus dogmas, puede permitirle considerarlos diferentemente, incluso llegar a algunas deducciones. Una verdad humana, que es siempre en alguna medida una mentira, esconde mucho de la vida al exponérsela. Son los hombres que defienden otras verdades, o, quizás, según nuestro parecer, peligrosas mentiras, quienes pueden ampliar nuestro reducido campo de conocimiento y despertar nuestras conciencias dormidas; algo que parece completamente novedoso, insolentemente falso o muy peligroso, es la prueba de un buen lector. Si trata de comprender su significado, la verdad que lo redime, tiene el talento y debe, pues, leer. Si sólo lo hiere, lo ofende, o clama contra las tonterías del autor, mejor que se ocupe de los periódicos; jamás será un lector."

R. L. Stevenson

lunes, febrero 12

Vacio

Por la nocturna conciencia de la inconciencia de los cuerpos.
Por la gran manta no-cubre-nada de las apariencias,
Por el césped y la hierba de la proliferación de los
seres,
Por la neblina atómica de las cosas,
Por las paredes remolineantes
Del vacío dinámico del mundo.

Álvaro de Campos

domingo, febrero 11

Ars poética

"Mucho tiempo ella le mira. Luego le dice que alguna vez él tendrá que contarle a su mujer todo lo que ha ocurrido, entre tú y yo dice, entre su marido y la chica del colegio Sadec. Todo, tendrá que contar, tanto la felicidad como el sufrimiento, tanto la desesperación como la alegría. Ella dice: Para que sea una y otra vez contado por la gente, quienquiera que sea, para que el conjunto de la historia no sea olvidado, que quede algo muy preciso, incluso los nombres de las personas, las calles, los nombres de los colegios, de los cines habría que decir, incluso los cantos de los boys por la noche de Lyautey e incluso los nombres de Hélène Lagnelle y el de Thanh, el huérfano de la selva de Siam.
El chino había preguntado por qué a su mujer. ¿Por qué contarle a ella en lugar de a otras?
Ella había dicho: Porque ella, es gracias a su sufrimiento cómo entenderá la historia.
El había preguntado aún:
-¿Y si no hay dolor?
-Entonces todo quedará olvidado."


Marguerite Duras - El amante de la China del Norte

martes, febrero 6

Pozo

Hay cosas que pasan casi milagrosamente.
Vengo pensando desde hace unos días en por qué escribir. No es que me haya levantado y haya dicho "a partir de hoy voy a pensar en por qué escribir", cosa que le encantaría a mi maestro pero que efectivamente nunca me sucedió, sino que hace unos días, encontré la historia de Pablo Díez Cuesta y cuándo salía del trabajo hacia mi casa, dos pibitos de no más de seis años se peleaban por una bolsa de basura y entre amigos, en los últimos meses, no tuvimos mejor idea que ir viendo El jardinero fiel y Lord of War y anoche, Diamante de Sangre para confirmar que hasta los muchachos de Hollywood saben que este es un mundo perro, bien perro que hasta hace concreto recaudar millones de dólares recreando infiernos de pueblos enteros que se juegan la vida cada día (y ya sé que son películas y que es todo falso; que Leonardo Di Caprio, Ralph Finnes y Nicolas Cage tienen en cada escena un maquillador que les tiñe los ojitos de un color simil barro; que la gente en las películas no se muere, que les pagan mucha plata y todo eso) y no pude más que ponerme a pensar en por qué escribir. Por qué escribir acá, en este mundo, o más cerca, en este país. ¿Por qué seguir escribiendo, después de todo lo que ya se ha escrito? A quién escribirle, me pregunté y para qué.
Y cómo digo, hay cosas que pasan casi como un milagro.
Me encontré con Sarte y su artículo, que ya había leído y olvidado, dónde habla del juego que establecen la escritura y la lectura. Y me quedó rebotando en la cabeza el último párrafo que dice así:

"No es verdad, pues, que se escriba para sí mismo: sería el mayor de los fracasos; al proyectar las emociones sobre el papel, apenas se lograría procurarles una lánguida prolongación. El acto creador no es más que un momento incompleto y abstracto de la produccion de una obra; si el autor fuera el único hombre existente, por mucho que escribiera, jamás su obra vería la luz como objeto; no habría más remedio que dejar la pluma o desesperarse. Pero la operación de escribir supone la de leer como su correlativo dialéctico y estos dos actos conexos necesitan dos agentes distintos. Lo que hara surgir ese objeto concreto e imaginario, que es la obra del espíritu, será el esfuerzo conjugado del autor y del lector. Sólo hay arte por y para los demás"

No me conforma del todo la respuesta pero parece un buen principio.
Escribir por y para los demás, así como antes, otros escribieron por y para mí.
Suena cursi, ya sé. Pero que levante la mano el que nunca necesitó una frase cursi para sacar la cabeza afuera del pozo.

lunes, febrero 5

Plath





Quizá te consideres un oráculo,
portavoz de los muertos o de algún dios
Yo llevo treinta años esforzándome
por limpiar de fango tu garganta
y no he aprendido nada.

viernes, febrero 2

Felisberto Hernández

Explicación falsa de mis cuentos

Obligado o traicionado por mí mismo a decir cómo hago mis cuentos, recurriré a explicaciones exteriores a ellos. No son completamente naturales, en el sentido de no intervenir la conciencia. Eso me sería antipático. No son dominados por una teoría de la conciencia. Esto me sería extremadamente antipático. Preferiría decir que esa intervención es misteriosa. Mis cuentos no tienen estructuras lógicas. A pesar de la vigilancia constante y rigurosa de la conciencia, ésta también me es desconocida. En un momento dado pienso que en un rincón de mí nacerá una planta. La empiezo a acechar creyendo que en ese rincón se ha producido algo raro, pero que podrá tener porvenir artístico. Sería feliz si esta idea no fracasara del todo. Sin embargo, debo esperar un tiempo ignorado: no sé cómo hacer germinar la planta, ni cómo favorecer, ni cuidar su crecimiento: sólo presiento o deseo que tenga hojas de poesía; o algo que se transforme en poesía si la miran ciertos ojos. Debo cuidar que no ocupe mucho espacio, que no pretenda ser bella o intensa, sino que sea la planta que ella misma esté destinada a ser, y ayudarla a que lo sea. Al mismo tiempo ella crecerá de acuerdo a un contemplador al que no hará mucho caso si él quiere sugerirle demasiadas intenciones o grandezas. Si es una planta dueña de sí misma tendrá una poesía natural, desconocida por ella misma. Ella debe ser como una persona que vivirá no sabe cuánto, con necesidades propias, con un orgullo discreto, un poco torpe y que parezca improvisado. Ella misma no conocerá sus leyes, aunque profundamente las tenga y la conciencia no las alcance. No sabrá el grado y la manera en que la conciencia intervendrá, pero en última instancia impondrá su voluntad. Y enseñará a la conciencia a ser desinteresada.

Lo más seguro de todo es que yo no sé cómo hago mis cuentos, porque cada uno de ellos tiene su vida extraña y propia. Pero también sé que viven peleando con la conciencia para evitar los extranjeros que ella les recomienda.


Más datos de Felisberto en http://www.felisberto.org.uy