miércoles, enero 31

Un euro con diez*

El siguiente relato podría ser considerado inverosímil por más de un escritor que conozco. Pero a veces, la realidad, la realidad...


Pablo Díez Cuesta tenía 48 años, estaba casado con Maravillas y era padre de cuatro hijos. Durante 15 años trabajó para la TMB. Su historial clínico era impecable, ni una depresión ni ningún tratamiento especial, nunca.
Ustedes podrán preguntarse si Pablo Díez Cuesta era un escritor, quizás piensen que nunca lo escucharon nombrar y estarían en lo cierto, aunque una vez Pablo escribió una carta.


“A la atención del Sr. Maseda: En contestación a las acusaciones contra mi deseo dejar bien claro que no he cometido ninguna infracción y que la versión que explico es lo que ocurrio el dia 21-01-04 en la linea 9 turno 8. Estando yo en la plaza del Nou final de linea subieron 4 ó 5 personas. Una de ellas me pidio un billete y me pagó con 10 euros, le di el canvio y se fue para el fondo yo ante la duda de si le habia dado el billete o no saque una ‘ficha inspeccio’ y vi que si había vendido y dado un billete. Faltando poco para irme fui al lavabo situado en la misma parada con las prisas dejé el tiquet sacado sobre el pupitre. Supongo que subio una señora que al ver el tiquet lo cogio pensando que seria un billete y podria viajar gratis, yo no me acorde mas del citado tiket hasta que subieron los inspectores y la señora lo presento diciendo que yo se lo habia vendido cosa incierta yo ni di ni vendi ese tiquet y a la pregunta de los mies como le voy a decir que igual si lo habia dado, supongo que entendieron mal. No le pude decir que tire el billete pues no se habia vendido ningun billete mas en esa parada. Lo que si es cierto es que yo no cometi esa irregularidad de la que se me acusa, es absurdo. Si que saque el citado tiquet por lo expuesto anterior mente pero seguro ni lo di ni lo vendi. Espero me crean usedes soy sincero después de 15 años trabajando jamas he tenido un problema ni con mandos ni compañeros ni publico, todo lo contrario. He sido honesto y sincero espero que este error de sacar el tiquet este no me afecte negativamente. Attm. Conductor 10834 Pablo Díez Cuesta” [Sic]


Pablo Díez Cuesta no fue escritor. Era chofer de autobús en Barcelona y hasta donde se sabe era un hombre que cumplía con su trabajo, que se ganaba la vida honradamente.
Un buen día, sus inspectores lo acusaron de quedarse con 1.10 euros. (Para el que no lo sepa: con un euro se hace más o menos lo mismo que con un peso, aquí) Pablo se declaró inocente pero los inspectores hicieron el parte de incidente y el expediente siguió su curso. El 30 de marzo del 2004, le comunicaron que estaba despedido, aunque le ofrecieron negociar: le dijeron que si él aceptaba reconocer que había robado, la empresa lo reincorporaría en los siguientes seis meses.
Pablo decidió no poner en juego el apellido de su familia, de sus hijos. Uno no puede negociar su dignidad, digo yo que habrá pensado.
Pablo Díez Cuesta se suicidó la noche que fue del 30 al 31 de marzo de 2004. Decidió ahorcarse junto al Polvorí, en Montjuic.


En recuerdo a Pablo Díez Cuesta, conductor de autobus de TMB (Transports Metropolitans de Barcelona) se convoca al I premio literario Pablo Diez, que se entregará todos los años coincidiendo con el aniversario de su muerte.






En la página de Pablo pueden encontrar las bases del concurso.




*Una crónica escalofriante de los últimos días de Pablo se puede leer en:

http://trampa22.blogsome.com/se-me-acaba-la-bateria-besos-a-todos/

lunes, enero 29

Miedo





"Tengo miedo de escribir, es tan peligroso. Quien lo ha intentado, lo sabe. Peligro de revolver en lo oculto y el mundo no va a la deriva, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que colocarme en el vacío. "


Clarice Lispector (1920-1977)

domingo, enero 28

Don



Siempre he oído decir que el cuento es uno de los géneros literarios más difíciles; y siempre he tratado de descubrir por qué la gente tiene tal impresión respecto de lo que considero una de las formas más naturales y básicas de la expresión humana.
Aún me inclino a pensar que la mayor parte de la gente posee una cierta capacidad innata para contar historias; capacidad que suele perderse, sin embargo, en el camino. Por supuesto, la capacidad de crear vida con palabras es escencialmente un don. Si uno no lo posee desde el inicio, podrá desarrollarlo; pero si uno carece de él, mejor será que se dedique a otra cosa.
No obstante, he podido advertir que son las personas que carecen de tal don, las que, con mayor frecuencia, parecen poseídas por el demonio de escribir cuentos. Estoy segura que son ellas quienes escriben los libros y los artículos sobre "como se escribe un cuento".
Flannery O´connor (1925-1964)

miércoles, enero 24

Como bola sin manija

puedo ir para un lado
puedo ir para otro lado
encontrar estuarios pálidos cisnes quietos
buques mansos que como a las nubes
me llevan de un lado para otro lado

puedo dar con lugares apacibles
o sombras excitantes
la primera piel de una mujer
el aroma de una mujer el sonido de una fiesta
puedo beber de cierto cuidado y enfermarme levemente
y sentir en las sábanas el olor del sol

puedo llegar a tener suerte en el juego y en la vida
puedo cambiar de vida y de nombre
puedo peinarme de otra manera
y vestir como nunca lo hice

puedo sorprender
ser irascible o piadoso
comprensivo con las mujeres
o despiadado con sus increíbles sentimientos

puedo como antaño volver a enamorarme
puedo padecer por un vago recuerdo
o tirar todo por la borda
o no soportar la memoria

–hoy te he recordado vagamente–

puedo reír y cantar
divertir a la gente
y esperar a que todos estén completamente locos
y ya no parezca tan divertido

puedo envejecer y enmudecer para siempre
y decir palabras sin mayor fundamento
puedo gozar de placeres fáciles y complicados

–eras alta antes de conocerte
y hoy no he recordado tu nombre
y pienso que otro día podré humillarlo–

puedo tener rasgos bondadosos
arranques de conmovedora caridad
puedo echarme a perder
o tener más hijos como si ofreciera
el más estupendo y bonito de los mundos posibles

puedo ambicionar una amplia fortuna
hasta puedo trabajar o pensar en el as de oro
o seducir a una adolescente frágil-como-un-pétalo-de-agosto

puedo hacer viajes exóticos morder la espesura de un follaje
jugar mi vida por unos diamantes impuros
o por lánguidos ojos saturados de sabiduría

puedo emborracharme aquí o en el extranjero
y caer exhausto en la turgencia de un muslo
o en el filo de una dudosa alcantarilla

puedo investigar o escribir luminosos párrafos
que abrirían por sí el futuro
puedo ser un intelectual responsable o desaprensivo
firmar o no firmar traicionar o jugar a la lealtad

puedo ser adorado
puedo ser odiado
tener amantes
distintas en su belleza singulares en sus caprichos
o no tener a nadie
y no guardar un solo recuerdo

puedo rechazar la ternura
o mendigarla como hace unas horas
puedo vivir alternativas viejas o recientes
fáciles y peligrosas

puedo elegir mi destino
aunque no sepa darle forma adecuada
ni por dónde empezar

puedo imaginar el tiempo que desconozco
luchar por esa o por otra dulce aspiración
puedo olvidar

–hoy no he podido recordar tu nombre–

de la memoria puedo imaginar las interminables apuestas
y sus mañas de vieja tramposa
puedo no pensar en que distribuye los signos
de ese futuro tangible y ajeno


Paco Urondo

lunes, enero 22

Identificarse



Y vos por qué querés escribir, me pregunta un insolente vestido de quinceañero a pesar de haber pasado los treinta y cinco.

Quiero escribir, entre otros motivos que ni siquiera me dan ganas de explicarte, porque un día, alguien se va a levantar, va a leerme y va a decir: "es increíble cómo alguien escribió exactamente lo que yo pienso/siento respecto a este tema", dije.

Nunca pasa eso, me dijo el insolente.

Hoy pasó, contesté.

A quién, preguntó.

A mí, dije.

Con quién, insistió.

Lee esto, respondí y le puse delante el ejemplar de Radar de Página/12 de ayer, en la nota que escribe Alan Pauls sobre Gran Hermano.


"...Dieciocho participantes son y sobre todo suenan demasiado, mucho más si con espíritu federal pretenden samplear cierto espectro de acentos y mundos de provincia. La Casa ya no emula el Campo sino el Arca de Noé (¿cuándo emulará al country, de donde parecen venir últimamente las verdaderas emociones argentinas?), y cuando todos hablan al mismo tiempo –lo que sucede cada vez que se juntan más de tres– lo mejor que podría pasar es que el Diluvio fuera implacable con ellos. Contagio nefasto de la epidemia de popstars, muchos, encima, son estudiantes de actuación, actores amateurs, pseudo actores, groupies de actores o lisa y llanamente artistas de la impostura; es decir: gente preparada y por lo tanto extremadamente desconfiable. (Incluso Jessy –en quien deposito mis fichas cuando apostar por alguien es lo único capaz de justificar que siga viendo el programa–, con su aire de asombro, su actitud de segundona modosa, el desamparo con que se aferra a su repugnante peluche, todas cualidades ganadoras, me resultan sospechosas: no las aprendió “en la vida” sino en las actrices de reparto de las películas de Almodóvar.) Es gente que está en la Casa no para ser objeto de una manipulación diabólica (a cambio de una recompensa de fama, un contrato, un canje de ropa) sino para hacer lo que sabe. Esa apuesta a cierto protoprofesionalismo dilapida, creo, uno de los pocos divertimentos que el formato deparó alguna vez: el espectáculo, dudoso pero atractivo, de un puñado de don nadie que lo aprendían todo en cámara y en vivo. En el primer GH, el gran espectáculo era el proceso de cocción que hacía pasar a los cobayos de lo crudo a lo cocido; en GH 4 todos entran ya cocidos; lo único que les falta es aire y descubrir en qué rubro (intriga, poder, sexo, comedia, información) pueden fructificar los talentos que forjaron en las clases de teatro."








No se la pierdan.

Saludos.

V.

miércoles, enero 17

Dodecálogo Caldwell


1. Contar un cuento es saber guardar un secreto.

2. Los cuentos suceden siempre ahora, aún cuando hablen del pasado. No hay tiempo para más, y ni falta que hace.

3. El excesivo desarrollo de la acción es la anemia del cuento. O, mejor dicho, su muerte por asfixia.

4. En las primeras líneas del cuento se juega la vida; en las últimas líneas, la resurrección. En cuanto al título, al contrario de lo que muchos piensan, si es demasiado brillante se olvida fácilmente.

5. Los personajes que se presentan: simplemente actúan.

6. La atmósfera puede ser lo más memorable de un argumento. La mirada puede ser el personaje principal.

7. En narrativa, el lirismo contenido produce magia. El lirismo sin freno, trucos.

8. La voz del narrador tiene tal importancia que no debe notarse. Resulta más fácil mentir desde la discreción que desde la exhibición o el ingenio.

9. Por excepciones que puedan citarse, la frase corta resulta la más natural para un cuento. Corregir: reducir.

10. El talento es el ritmo. Los problemas más sutiles empiezan en la puntuación.

11. En el cuento, un minuto puede ser eterno y la eternidad cabe en un minuto.

12. Terminar un cuento es saber callar a tiempo

lunes, enero 15

Asociación Libre - Cap. I




En el venero de tus ojos
viven las redes de los pescadores de la mar errabunda.
En el venero de tus ojos
el mar mantiene su promesa.

En ella arrojo yo,
un corazón que entre los hombres ha morado,
lejos de mí mis vestiduras y el resplandor de un juramento.

Más oscuro en lo oscuro, más desnudo estoy.
Tan sólo al desertar soy fiel.
Yo soy tú cuando soy yo.

En el venero de tus ojos
derivo y sueño un rapto.
En una red, una red queda apresada
y nos abandonamos enlazados.

En el venero de tus ojos
estrangula su cuerda un ahorcado.


Paul Celan - Alabanza a la lejanía

jueves, enero 11

Las preguntas del millón


¿Hasta que punto estarías dispuesto a comprometerte con la escritura? ¿Serías capaz de involucrarte en algún tema que te mantuviera alejado de tu vida durante cuatro años? ¿Hasta dónde serías capaz de llegar por escribir?





Veíamos Capote. Y se me ocurrieron esas preguntas.
Responderlas me da miedo.




martes, enero 9

El decálogo del escritor (*)


Primero. Cuando tengas algo que decir, dilo: cuando no, tambien. Escribe siempre.

Segundo. No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

Tercero. En ninguna circunstancia olvides el célebre dictum: "En literatura no hay nada escrito".

Cuarto. Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

Quinto. Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha, ejercítate de día y de noche.

Sexto. Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza: el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron o ganar tanto como Bloy.

Séptimo. No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

Octavo. Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.

Noveno. Cree en tí, pero no tanto; duda de tí, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

Décimo. Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para eso tendrás que ser más inteligente que él.

*Undécimo. No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

*Duodecimo. Otra vez el lector. entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratara de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.


El autor da la opción al escritor, de descartar dos de estos enunciados, y quedarse con los diez restantes.




(*)Augusto Monterroso (Guatemala 1921 - México 2003) inventó un personaje ficticio llamado Eduardo Torres. A través de este personaje, Monterroso escribió sátira sobre el oficio del escritor. Eduardo Torres es irreverente, se equivoca a menudo, posee una amplia cultura y su vida está narrada en la única novela que escribió Monterroso: "Lo demás es silencio".
El estilo de escritura de Torres es siempre burlón y sus textos están plagados de citas falsas que frecuentemente son absurdas. Monterroso insistía que Eduardo Torres existía y que vivía en la ciudad de San Blas, en México. Pero todavía nadie encontró a San Blas en el mapa.

martes, enero 2

Sin motivo aparente






"El amor tiene un triunfo y la muerte tiene otro, el tiempo y el tiempo después. Nosotros no tenemos ninguno. Alrededor nuestro sólo hundirse de estrellas. Destellos y silencio. Mas la canción por encima del polvo después nos superará."

Ingeborg Bachmann - Invocación a la Osa Mayor