Y resulta que ahora, todo el mundo es experto en trasplantes. Todo el mundo sabe todo de la donación de órganos. Todo el mundo habla porque hablar, claro, es gratis y con la democracia se come, se educa, se cura y se opina.
Este país está lleno de sabelotodo. De gente que desconfía de las instituciones, de las leyes, de los médicos, del vecino porque, obvio, cada uno de esos que la sabe lunga, tiene la posta. Hasta el infeliz de doce años que dice que tiene una experiencia de vida de mil años, la sabe lunga, se las sabe todas, ya la vivió.
Se puede opinar sobre cualquier cosa porque si no se pudiera, quedarían muy pocos temas para opinar, no es cierto? Entonces, es lo mismo la selección de Maradona que el bebé muerto de Maru Botana, la última enciclica papal o la aparición en bikini de Ricardo Fort en una obra de teatro. Justo ahora, le tocó a la medicina. Medicina vista con ojos de gente sana, de gente viva, de gente a salvo. Porque desde ahí, sí, desde ahí se puede opinar. Desde ahí se sabe.
Pero... ¿de dónde viene este nuevo conocimiento médico que, ahora, tiene la contraaudiencia de C5N? Bueno, ven muchas series de médicos: House M.D., Scrubs, ER. Cuatro o cinco temporadas son suficientes para saber mucho de medicina y cualquier tema en donde la vida y la muerte estén representadas fisiológicamente; en donde el muerto o el enfermo, cuando termina el día de rodaje, se vuelve a su casa, lo más pancho, a tomar unos drinks muy cool con sus amigos. Total, si pasa en Universal, debe pasar en la vida real.
Entonces la contraudiencia de C5N se pone a opinar: cuarenta y cinco días de sobrevida no alcanzan para justificar un trasplante. Aparecen pequeños fascistas que se preguntan, con total inocencia (?), si no habría alguien mejor, en lugar de "desperdiciar" esos órganos, que tan bien le hubiesen hecho a alguien más joven, más bueno, más pobre. Se sabe: parece que hay una gente mejor que otra. Y otra, todavía, MAS MEJOR que es capaz de decidir quién es mejor para seguir viviendo.
Claro, nunca vieron a un ser humano ponerse negro porque el oxígeno no le llega. No escucharon jamás la alarma de un saturómetro cuando el oxígeno en sangre baja y baja. No esperaron al lado de alguien operado, por ejemplo, de cáncer renal que el riñón que le quedó sano vuelva a funcionar y los días pasen y pasen mientras los médicos dicen que hay que esperar un día más y que si no pasa nada, hay que recurrir al trasplante. Lo que saben, lo saben porque le pasó al hermano del amigo de un tío de un vecino de la cuñada de un primo segundo que ahora está joya y vos lo tendrías que ver, como chupa el tipo.
Pero es así. La vida de los demás se soluciona fácil. Lo hemos dicho varias veces acá. Qué hay si el tipo que se murió peleaba por seguir viviendo con garra; qué hay si se equivocó, si se fumó la vida y después se dio cuenta de que la había cagado y, arrepentido, los últimos veinte años no hizo otra cosa que querer curarse. Qué importan las cinco operaciones, si total, el cuerpo le dolió a él, a su mujer, a la gente que lo quería. Qué importancia tienen los pinchazos mil veces por día, las transfusiones, las sondas, los drenajes. Qué importa. Si el cuerpo magullado, dolido, doliente; la invasión permanente de catéteres y sensores, es de otro, de un desconocido.
No importa nada. Importa opinar. Opinar boludamente, porque tienen la posta. Se las saben todas. Pueden hablar sobre todos los temas. No importa nada. Se habla de trasplante de órganos como si fuera cambiarle las pilas al control remoto. La muerte de los demás no le duele a nadie. Mejor ellos, que nosotros. Y así va todo.
Porque el bienpensante habla giladas, la mayoría del tiempo. Y encima se ofende cuando se lo hacen notar. Cuando alguien que estuvo ahí, le dice: "macho/mina, cerrá el orto. En ese lugar, vos nunca sabrías donde meterte todo este conocimiento que escribís en mails y post de blogger. Tus opiniones te las guardas en el culo, cuando la decisión depende sólo de vos. Cuando un hijo tuyo necesita un trasplante, no pensás si hay alguien mejor que él para recibirlo. Cuando tu viejo está conectado a un respirador, no hacés cuentas para ver si lo poco o mucho que pueda vivir es condición suficiente."
Pero, por supuesto, el muerto no es ni el hijo, ni el padre, ni el amigo de ninguno de los sabelotodo. Es un tipo lejano, que cantaba canciones que hacen mojar a las minas y que, capaz, -porque los bienpensantes nunca se terminan de animar a señalar con el dedo pero sí a sembrar sospechas- estuvo acomodado para recibir los órganos.
Entonces eso: se opina porque la opinología es una ciencia muy difundida en este país en donde medio mundo es todologo. Hoy será la función del Incucai; mañana, la situación actual de Boca Juniors; pasado, el nuevo implante de concha de Luciana Salazar.
Porque en el país del Gran Dt todos pueden decir cualquier cosa, sobre cualquier tema.
Ahora, de compasión por otro ser humano, del respeto por el tipo que sufre o agoniza, sea rico o pobre, famoso o desconocido, o, en un alarde de humildad, de la vergüenza de hablar giladas, queda un poco de lado. Se sabe de todo, menos de eso.
Porque hay democracia y uno puede decir lo que se le cante el culo, de la manera en que se le da gana en el quinto forro del orto.
Quién sabe por qué le va tan mal a este país, habiendo tantos genios que tienen siempre todas las opiniones y las respuestas. Quién sabe por qué.
Y quién sabe por qué, los bienpensantes dicen tanto sobre esta muerte y no dicen nada de que, hace unos pocos días, se murió Mónica Carranza.
Claro, esa es otra muerte que no le dolió a nadie, salvo a los miles de pibes que tuvieron un plato de comida delante de la cara, gracias a esa mujer. Pero bueno, es a ellos a los que les va a hacer ruido la tripa. El resto puede teorizar sobre la pobreza y la marginalidad del tercer mundo y ellos te van a explicar cómo es.
En fin, me harté. Cada tanto me pasa. La contra del bienpensante es que, entre sus múltiples virtudes, tiende a ser necio. Porque a él le contaron. O lo vivió cuando era muy chiquito, entendés? No, claro, no. Nunca tuvo que tomar una decisión. Nunca tuvo que firmar un papel. Nunca se fue a dormir pensando en si aceptar una intervención era para mejor o peor.
Pero bueno, eso no importa. Lo importante es opinar. Porque para eso vinimos a este mundo. Para hablar de lo que conocemos muy de costado. Y al que no le guste, que se aguante. O que se joda. O que se curta. Y si le duele, que se joda dos veces. Por mamón.
O acaso no hay libertad de expresión, en este país, eh?!
Cuando alguien se recibe de opinologo, tendrían que anotarle, al pie del título, aunque sea en letra chica que con el derecho a opinar viene también la obligación de bancarse la opinión ajena. Y no saltar como virgencita sexagenaria a la que le han tocado el culo. Pero está el problemita ese, que nunca se trata: "lo que es válido para mí también es válido para el otro". Ah, que no es así?
Y bué, es como te digo. Está todo mal hecho. Enseguida viene alguno que se las sabe todas a explicar cómo es el asunto. Sólo es cuestión de esperar.